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Nada trajimos, nada llevaremos

Por Josué I. Hernández

El apóstol Pablo dijo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Tim. 6:6,7). En el contexto, él está discutiendo acerca de las cosas materiales, la necesidad del contentamiento con lo que poseemos, y las trampas por amar el dinero (1 Tim. 6:6-10). Así como no trajimos nada al mundo, nada nos llevaremos. Entonces, todas las posesiones que nos rodean y distraen, son básicamente eso, una distracción de lo que realmente importa. Ciertamente, debemos ser responsables y trabajar duro, para proveer para nuestra familia (1 Tes. 4:11,12; 1 Tim. 5:8) y ayudar a los necesitados (Ef. 4:28). Sin embargo, nada material nos llevaremos de este mundo con nosotros, o sobrevivirá más allá, en la eternidad (cf. 2 Ped. 3:10-12). Entonces, ¿cuál debe ser nuestra prioridad? Lo único no material que teníamos al comenzar a existir en este mundo fue nuestra alma, o espíritu, es decir, la persona …

A él oíd

“Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5).
Por Josué I. Hernández

Cuando el Señor Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan, a un monte alto, ellos presenciaron una visión magnífica. El Señor se transfiguró delante de ellos. Su rostro resplandeció como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz (Mat. 17:2). Luego, “aparecieron Moisés y Elías, hablando con él” (Mat. 17:3), y el tema del cual hablaron fue acerca de su muerte venidera en Jerusalén (Luc. 9:30,31). En una reacción apresurada, despabilándose del sueño, Pedro quiso construir tres tabernáculos, uno para Jesús, otro para Moisés, y otro para Elías (Luc. 9:32,33). Sin embargo, “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mat. 17:5).          Frente a tal acontecimiento, preguntamos: ¿Qué significa esto? ¿Qué lecciones prácticas podemos sacar para nosotros de este evento preserv…

Pedro estaba casado y tenía hijos

Por Josué I. Hernández

         La iglesia católica afirma que "el apóstol Pedro fue el primer papa". El único problema con tal afirmación, es que no hay evidencia bíblica para establecer tal cosa. Todo se basa en la tradición humana y la especulación.          En Mateo 8:14,15, aprendemos que Pedro tuvo una esposa, pues Jesús sanó a la suegra de Pedro. Para tener suegra, uno debe estar casado. Más adelante, Pedro seguía casado, y el apóstol Pablo lo mencionó como un fiel y responsable marido, en 1 Corintios 9:5. Esto no encaja con la doctrina católica de “papa”. El papa no puede casarse, le está prohibido hacerlo.          El apóstol Pedro también tuvo hijos, algo común cuando alguien está casado por mucho tiempo. Esto lo sabemos porque él se refirió a sí mismo como “anciano”, en 1 Pedro 5:1. Y, para ser un anciano, uno debe tener hijos fieles, lo cual es requerido por la ley de Cristo (1 Tim. 3:1-7; Tito 1:5-7). Una vez más, esto no encaja con el concepto católico romano de “…

El varón como “cabeza”

Por Josué I. Hernández

Nuestra sociedad rechaza tajantemente que el hombre sea la cabeza de la mujer. Simplemente, la sociedad es contraria a la enseñanza bíblica al respecto.
El apóstol Pablo, un hombre inspirado por Dios, escribió en 1 Corintios 11:3, lo siguiente: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. No son pocos los que argumentan que tal enseñanza bíblica degrada a la mujer. Pero, si tal cosa es verdad, entonces ¿la autoridad del Padre sobre Cristo, degrada a Cristo? La dirección no es un asunto de inteligencia o dignidad, sino de autoridad. El que está subordinado no es inferior en valor al que tiene autoridad sobre él.
Dios ha ordenado que el varón sea cabeza de su esposa, “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor… Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Ef. 5:22,33).
Muchos estudiantes de la Biblia es…

Abortando a bebés indeseados

Por Josué I. Hernández

Varios países están haciendo noticia, y no por alguna ejemplar razón. Por ejemplo, Islandia, donde los índices de niños con síndrome de Down se reducen a sólo dos nacimientos por año desde 2010, mediante la interrupción del embarazo cuando se conoce alguna “alta probabilidad” de ese trastorno cromosomático en el feto. El sistema de salud islandés ofrece a los padres una serie de test para determinar si los fetos poseen algún tipo de dificultad, o si presentan alguna “enfermedad genética potencial”.
La razón por la cual tantos son activamente pro-aborto, es que ellos no consideran el aborto como un asesinato, sino como la terminación de “una posible vida”. Y todo esto debido a que para ellos no hay deberes morales absolutos, sino relativos a la sociedad en evolución. Si Dios no existe, y todo termina con la muerte, debemos luchar por construir un paraíso en la tierra. Aquel paraíso debe erradicar todo lo que la mayoría considere una carga, o maldición, por ejemplo…

Lecciones en Josué 1:8

Por Josué I. Hernández

Dios dijo a Josué “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Jos. 1:8). Hay muchas lecciones y bendiciones para nosotros en este versículo. Veamos:
“este libro de la ley” – La palabra de Dios es de vital importancia. Dios es su autor (2 Tim. 3:16,17). Debemos tenerla a mano, es nuestra responsabilidad (cf. Deut. 6:6-9). “Nunca se apartará de tu boca” – La palabra de Dios debe abundar en nuestro corazón, y así podremos hablar conforme a ella (cf. Sal. 19:14; Mat. 12:35; 1 Ped. 4:11). La palabra de Cristo debe morar en abundancia en nosotros (Col. 3:16). “meditarás en él” – A Dios le importa lo que pensamos (cf. Fil. 4:8; 1 Cor. 4:6). Debemos hacer más que simplemente leer la palabra de Dios, debemos meditar en ella diligentemente (cf. Sal. 1:2; 119:11). “de día y de noche” – Debemos…

La obediencia trae bendiciones

Por Josué I. Hernández

         El clima religioso de nuestra sociedad ve la libertad como absoluta. La idea de quedar restringido por reglas es un concepto aborrecible. Llamar a la obediencia es volverse un paria legalista. Después de todo, nos dicen, “Cristo se oponía a las instituciones establecidas”. Sin embargo, la palabra de Cristo enseña repetidamente que la obediencia es necesaria y fuente de grandes bendiciones.
Obedezca a sus patrones El apóstol Pablo enseñó que los siervos deben obedecer a sus amos (Ef. 6:5-9). Actualmente, el principio significa que los empleados deben obedecer a sus empleadores, y cumplir su parte del pacto, o contrato, firmado con ellos. El punto sigue siendo el mismo. Dios quiere que nos sometamos a las personas que tienen autoridad sobre nosotros. Esto agrada a Dios. Por lo tanto, todos los obedientes serán bendecidos.          Lamentablemente, una interpretación liberal del pasaje diría: “Obedece a tus empleadores sólo cuando te agrade y proporcione bene…

"Propiciación"

Por Josué I. Hernández


El término “propiciación” proviene del sustantivo griego “hilasmos”, el cual según VINE debe ser entendido como “un medio por el cual el pecado es cubierto y remitido”. Tanto el medio para apaciguar, como el apaciguador mismo propiciando (Thayer). Ahora bien, cuando “propiciación” se traduce de “hilasmos” en el Nuevo Testamento, se utiliza con referencia a Cristo cuatro veces.
“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Rom. 3:25). “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Heb. 2:17). “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:2). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nos…

Ellos oirán

Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán (Hech. 28:28).
Por Josué I. Hernández

Cuando Pablo estuvo en prisión en Roma, tuvo la oportunidad de enseñar a los judíos de esa gran ciudad (Hech. 28:17-23). Algunos fueron persuadidos, otros no (28:24). Sin embargo, discutieron entre sí por el desacuerdo, sin que ninguno obedeciera (28:25). Antes de que partieran, Pablo les aplicó la profecía del profeta Isaías, señalándoles como gente de duro corazón (28:25-27) y concluyó su amonestación diciendo, Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán (Hech. 28:28). La mayoría, y quizá todos los lectores de este breve artículo, son gentiles. Entonces, amigo lector, ¿estás entre aquellos de quienes dijo el apóstol Pablo, “ellos oirán”? ¿O eres como aquellos judíos obstinados y endurecidos de corazón para con el evangelio de Cristo? La salvación que Dios ha provisto ha sido extendida para todos. Esta salvación fue predicada por…

Dios nos advierte

Por Josué I. Hernández

“Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio” (2 Cron. 36:15,16).
         El pasaje anterior debiera causarnos escalofríos. Los israelitas fueron diezmados por sus enemigos. Sufrieron horriblemente debido al hambre y la guerra, además del propio cautiverio. Sedequías se vio obligado a presenciar la muerte de sus hijos antes de que le arrancaran los ojos (2 Rey. 25:7). ¿Qué ocasionaría en usted presenciar la muerte de sus hijos antes de perder la vista de tal manera? ¿No cree que tal acontecimiento dejaría una imagen marcada a fuego en su mente de por vida?          El sufrimiento y el dolor experimentado por los judíos no ocurrió debido a la injusticia de una nación peca…

Arrogancia

Por Josué I. Hernández

         Es común en nosotros la arrogancia de procurar abarcar demasiado, con ambiciones desmedidas, enfocándonos en nosotros mismos, y sin considerar nuestras limitaciones. Sin embargo, Salomón nos hace aterrizar sobre la realidad, comenzando su discurso en Eclesiastés de la siguiente forma:
“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.  ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?  Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.  Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta.  El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo.  Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.  Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.  ¿Qué es lo que …

¿Importa Dios?

Por Josué I. Hernández

Algunos se comportan como si Dios no importara. Viven sus vidas a su manera. Maldicen, beben, chismorrean, mienten, engañan, defraudan, roban, o cometen la fornicación. Para ellos, Dios no importa. Sin embargo, la lógica y la Biblia, enseñan que Dios sí importa.
Dios importa porque él es el Creador. Él hizo todas las cosas por medio de Cristo (Gen. 1:1; Jn. 1:1-3; Co. 1:16,17). Siendo el Creador, Dios es superior a la criatura (Gen. 1:26,27). Él dio vida al hombre, el aliento, y todas las cosas (Hech. 17:25). Dios no sólo es el dador de la vida, él es el sustentador de la misma (Heb. 1:2; Hech. 14:17).
Dios importa porque él será nuestro Juez. Dios es el dador de la ley de Cristo (Jn. 16:7-15; 1 Cor. 9:21; Gal. 6:2). Todos los hombres estarán delante de Dios y serán juzgados por Jesucristo según su ley, el evangelio (2 Cor. 5:10; Jn. 5:22; 12:48).
Dios importa porque él es Dios. La naturaleza misma de Dios exige la conclusión de que él es relevante. Dios es Todopo…

La frustración de una búsqueda sin Dios

Por Josué I. Hernández

Salomón estaba empeñado en desentrañar los misterios de la vida, y entenderla a cabalidad (Ecles. 1:12-18). Sin embargo, admitió que la búsqueda por tales cosas mediante la sabiduría era una aflicción de espíritu (1:13,14). Ciertamente, una tarea interminable. Dios lo dejó así. Dios no implanta la sabiduría en nosotros al momento que comenzamos a vivir, debemos aprenderlo por nosotros mismos. Este es un esfuerzo que requiere diligencia perseverante, y ninguno lo ha alcanzado al nivel de Salomón. Por lo tanto, cuando leemos acerca de la experiencia de Salomón, y sus hallazgos sobre como determinar la vida, todos tenemos algo que aprender y necesitamos llevarlo al corazón.
Salomón declaró una verdad frustrante, “Lo torcido no se puede enderezar” (Ecles. 1:15). Mientras buscamos la sabiduría y tratamos de entender la vida, hay muchas cosas que deseamos cambiar pero no podemos. Hay desastres naturales, enfermedades graves, y un sinnúmero de dificultades que nos asedi…

¿Por qué fue desechado Caín y su ofrenda?

pero a Caín y su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó (Gen. 4:5, LBLA).
Por Josué I. Hernández
La Biblia nos informa que Caín y su ofrenda fueron desechados por Dios, en cambio, Abel y su ofrenda fueron aceptados (Gen. 4:3-5). ¿Por qué uno fue aceptado y el otro no? Ambos hicieron una ofrenda al mismo Dios, y con el mismo propósito. Caín, obviamente, quería agradar a Dios, de lo contrario no se hubiese molestado al ser rechazado. El Nuevo Testamento especifica la razón por la cual Caín y su ofrenda fueron rechazados. Caín no actuó por la fe (Heb. 11:4). Hacer algo por la fe, es hacerlo de acuerdo a la palabra de Dios (Rom. 10:17). La fe siempre obra por el amor (Gal. 5:6) y el amor a Dios se demuestra en la obediencia a sus mandamientos, los cuales no son gravosos (1 Jn. 5:3). La explicación es sencilla. Abel hizo lo que Dios dijo que se hiciera, a diferencia de Caín. Abel actuó por la fe. Caín hizo lo que quería hacer, lo que provino de su propia …

Una vida miserable

Por Josué I. Hernández

El sabio dijo: “Había un hombre solo, sin sucesor, que no tenía hijo ni hermano, sin embargo, no había fin a todo su trabajo. En verdad, sus ojos no se saciaban de las riquezas, y nunca se preguntó: ¿Para quién trabajo yo y privo a mi vida del placer? También esto es vanidad y tarea penosa” (Ecles. 4:8, LBLA).
Muchos están absorbidos por su trabajo, y su trabajo tiene prioridad sobre todo aspecto de sus vidas. En realidad no tienen trabajo, sino que el trabajo los tiene a ellos. Nuestra sociedad nos impulsa a tal cosa. Siendo jóvenes pocos quieren casarse y formar una familia. Algunos quieren tener “pareja” pero no comprometerse con ella, ni tener hijos juntos. Y si alguno tiene hijos, no pasa tiempo de calidad con ellos. Es que el trabajo domina sus vidas. Con semejante vida, todas “las cosas” que su riqueza les proporciona son vacías e infructíferas. No tienen con quien compartir sus posesiones, y si tienen con quienes compartir algo, los tales no son su familia o…

Los hijos, en sí mismos, son un regalo de Dios

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta” (Sal. 127:3-5).
Por Josué I. Hernández

Hoy más que nunca, los niños parecen un obstáculo, una carga, una molestia, incluso, son tratados como un gasto innecesario por la sociedad consumista en la que vivimos. Sin embargo, las sagradas Escrituras son elocuentes al señalar que los niños son un don de Dios muy preciado. Cada pequeñito, desde el vientre de la madre, es decir, aún antes de nacer, es una maravillosa obra de Dios:
“Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la t…

La voluntad de “la mayoría”, y la voluntad de Dios

Por Josué I. Hernández

Los pecadores siempre están tratando de borrar la distinción entre lo correcto y lo incorrecto. Esto no es algo nuevo en la historia (Prov. 17:15; Is. 5:20; Ez. 13:22), y es algo sobresaliente en nuestra cultura con temas tales como el aborto, donde la mayoría ejerce su poder, a pesar del derecho constitucional por la vida. Obviamente, con una cosmovisión bíblica, lo correcto e incorrecto no están determinados por la mayoría de alguna “democracia”. Es más, muchas veces el proceder de “la mayoría” puede convertirse en una suerte de agresiva “dictadura”, a pesar de pretenderse como una acción democrática. Sin embargo, lo correcto y lo incorrecto existen porque Dios existe. Dios es la fuente de la moralidad (1 Ped. 1:15,16).
Hay buenas razones para creer en la existencia de Dios, así como hay buenas razones para creer que la Biblia es su palabra. Debido a lo anterior, con la Biblia abierta podemos afirmar lo siguiente: Jesucristo tiene toda autoridad (Mat. 28:18) y él …

Dios nos habla por medio de su palabra, no por medio de las circunstancias

“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Cor. 4:18)
Por Josué I. Hernández
Es muy importante interpretar las sagradas Escrituras y no las circunstancias para determinar cuál será nuestro proceder. Es la Biblia el libro por medio del cual Dios nos habla (Heb. 1:1,2) y la que determina lo correcto e incorrecto, pero las circunstancias no lo pueden hacer.  La ética situacional, por construcciones culturales o circunstanciales, y en constante evolución, no es base de moralidad. Podemos hacer lo que queramos con nuestra vida, pero no podemos escoger las consecuencias de nuestros hechos, esto lo hace Dios (cf. Gal. 6:7). Podemos discernir entre el bien y el mal y escoger entre los dos, pero no podemos determinar la moralidad (Jer. 10:23; Prov. 14:12). Por lo tanto, lo que otros hagan, o lo que suceda en derredor no será indicador necesario de lo que debamos hacer, o no. En fin, Dios nos ha…

Encuentros y series para jóvenes, damas y varones organizados por alguna iglesia local

¿Puede la iglesia local organizarlos?  ¿Qué dice la Biblia al respecto?
Por Josué I. Hernández
A pesar de que afirmamos creer que la Biblia es la bendita palabra de Dios, algunos hermanos no se están esforzando por citar la Escritura en defensa de sus convicciones y prácticas. Simplemente, asumen que sus enseñanzas y “tradiciones-iglesia-de-Cristo” son correctas y aprobadas por Dios, pero sin tener base bíblica para ello.  Sin embargo, Jesús dijo que el uso de las tradiciones y doctrinas humanas hacen del culto ofrecido a Dios, un culto “vano” (Mat. 15:8,9). Por lo tanto, todo corazón noble debe cuestionar su propia creencia y someterla al escrutinio de la bendita palabra de Dios (cf. Heb. 4:12; 1 Tes. 5:21). Ningún cristiano es la excepción en esto. Como discípulos de Cristo debemos actuar conforme a la enseñanza autoritativa de Cristo (Mat. 28:20; Col. 3:17)
¿Del cielo, o de los hombres? Para nuestro Señor Jesucristo toda práctica religiosa o es “del cielo, o de los hombres” (Mat. 21:25)…