Creyentes condenados


Por Josué I. Hernández


            Jesucristo dijo, “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mat. 7:21).
Un punto importante que solemos olvidar de esta revelación de Cristo, es que no todos los creyentes irán al cielo, muchos creyentes serán condenados e irán al infierno. La mayoría está convencida que debido a su fe en Jesús de Nazaret como Señor irán al cielo, pero Jesús no está de acuerdo con la mayoría.
De los creyentes en Jesús, y que le llaman “Señor, Señor”, muchos perderán sus almas por no obedecer la voluntad de Dios. Serán condenados no por hacer la voluntad del Padre celestial, a pesar de que parecían tan activos: “profetizamos” “echamos fuera demonios” “hicimos muchos milagros”. Cristo les rechazará, no porque hicieron poco, sino porque lo que hicieron, lo hicieron a su manera.
De la respuesta de Cristo aprendemos la razón por la cual estos creyentes serán condenados. Jesús les dirá, “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mat. 7:23). Aunque estas personas reconocieron a Jesús como “Señor”, e hicieron muchas cosas en su nombre, no actuaron conforme a la ley de Dios. Ellos fueron “hacedores de maldad”.
La frase “hacedores de maldad” bien podría traducirse “obradores de ilegalidad”, una alusión a “rebeldes” que se oponen a la ley de Cristo, su evangelio (1 Cor. 9:21; Gal. 6:2; Rom. 6:17; 8:2; Sant. 2:12). Los “hacedores de maldad” son aquellos que actúan fuera de los límites de la doctrina de Cristo (cf. 2 Jn. 9). Por esta razón el Señor les dirá, “Nunca os conocí”. No tenían comunión con él durante su ejercicio religioso tan activo.

El rey Saúl es un excelente ejemplo de quien actuó en nombre del Señor, pero fuera de los límites de la ley del Señor. Dios le ordenó matar a todos los amalecitas y a sus animales (1 Sam. 15:1-3). Sin embargo, Saúl perdonó al rey y a lo mejor de los animales (1 Sam. 15:9).
Saúl desobedeció sinceramente convencido de que tal cosa sería agradable a Dios (1 Sam. 15:13-15). El profeta Samuel reprendió al rey por su desobediencia, y le dijo: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Sam. 15:22). Aunque era un creyente en Dios, y ejecutó su desobediencia en nombre del Señor, con la esperanza de agradar a Dios, Saúl fue rechazado y sufrió las consecuencias (1 Sam. 15:23). Saúl fue un “hacedor de maldad”.
El denominacionalismo es un conjunto de comunidades religiosas, lideradas y compuestas por “hacedores de maldad”. Sus nombres, credos, organización y obra, no son bíblicos. Contradicen el evangelio. Actúan sin autorización de Dios para llevar adelante su trabajo religioso. Por ejemplo, ¿de dónde toman autorización para la música instrumental en la adoración? Dios manda que cantemos, no manda a que toquemos instrumentos. Hay gran diferencia entre “cantar” y “tocar” (Ef. 5:19; Col. 3:16). Pero, la gente quiere ir más allá de “cantar”, quieren cambiar el mandamiento, y añadir no sólo instrumentos, sino también grupos musicales que luego venden sus productos usando el evangelio como negocio. ¿Lo hacen con toda sinceridad para agradar a Dios? Sí, no cabe duda. No obstante, Dios no les mandó que hicieran tal cosa.
Muchas iglesias practican el evangelio social, y ofrecen pizza, baloncesto, campamentos de verano, etc., todo para atraer a niños, jóvenes y adultos. Ellos creen que se agrada a Dios cuando mucha gente llega a sus reuniones con cualquier medio posible, sea comida o diversión. Pero, tales cosas no son agradables a Dios. No hay autorización de Cristo para ofrecer comida y diversión como anzuelo. La Biblia nos enseña que la iglesia debe ser columna y baluarte de la verdad (1 Tim. 3:15) y debe exponer la verdad de Dios a todos (Jn. 6:44,45), porque el evangelio es el poder de Dios para salvación (Rom. 1:16). Todos los creyentes practicantes del evangelio social son “hacedores de maldad”.

Para muchos, este artículo es difícil de aceptar. Hablar acerca de la "condenación eterna" no es algo popular. Afirmar que gente sincera no podrá agradar a Dios es algo intolerable. Pero, ¿qué preferimos, la verdad o la mentira? ¿No queremos agradar a Dios y alcanzar la vida eterna?

Si estamos haciendo cosas más allá de la ley de Cristo, somos “hacedores de maldad”, “rebeldes religiosos”, “anarquistas de la fe”, por más sinceros que seamos en nuestra desobediencia.

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